Qué Visitar

Qué Visitar

Esta localidad histórica se localiza en la zona central de la Mesa de Ocaña, sobre un cerro junto al arroyo del Barranco. Al atractivo de sus yacimientos arqueológicos, que remiten a su origen prehistórico, se suman las ruinas del castillo de Monreal y el espacio natural de las lagunas del Cedrón.

El Convento de Trinitarios Calzados se fundó el 6 de abril de 1591. Los frailes llegaron el 25 de junio de ese año. 

Refiere la tradición que Nuestra Señora quiso, al pasar por extramuros de Dosbarrios, quedarse. "No nos atrevemos a negar ni afirmar". 

Lo cierto es que 13 años antes de la batalla de Lepanto, en el año 1.558 algo extraordinario ocurrió en las afueras del pueblo, porque hicieron, una capillita provisional en pocos días y sin dejar obras durante 10 años quedo construida una capilla definitiva. El 2 de agosto de 1.568 se bendijo. 

Pocas son las referencias con las que contamos para datar edificio tan singular, debido principalmente a la quema del Archivo municipal en la noche del 18 de noviembre de 1808 por parte de las tropas francesas.

La Iglesia es de estilo románico tardío, del s. XIII. Hubo una reforma en el año 1536, por lo insuficiente de la Iglesia para dar cabida a los fieles. Se empezaron las obras de ampliación que consistieron en un crucero, la Capilla Mayor, el campanario y el coro. Reforma que fue proyectada por Covarrubias. La iglesia tiene forma de Cruz latina.

Historia

Es probable que fuera una de las doce aldeas de los Olcades.

En 1154 pasa a manos de Antolino Portaguerra por donación de Alfonso VII. En 1177 Alfonso VIII dona a la Orden de Santiago, entre otros lugares, el castillo de Dos Barrios. En 1192 comenzaría su repoblación en virtud del fuero otorgado por Rodrigo Yenéguez, maestre de Santiago, a favor de Rodrigo Riquer y sus hermanos.

Fue construido en 1843, dado que el antiguo Consistorio fue completamente destruido por los franceses, y del cual no se tienen fotos o más datos hasta el momento.

La carencia de datos da lugar a diferentes hipótesis que esperamos sean cercanas a la realidad. Se atribuye a Juan de Herrera, o a alguno de sus discípulos, dada la singularidad en la disposición de la mampostería, perfectamente comparable a su hermana mayor la Fuente Grande de la cercana localidad de Ocaña, a la que también se le atribuye su autoría.